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Los Birdman de la Política

Publicado: 2015-02-28

La película ganadora del Oscar nos muestra a un otrora actor famoso intentando reciclarse en nuevas formas de actuación, mientras es perseguido por el fantasma del personaje que lo llevó a la fama, llevándolo al borde de la psicosis con reiteradas alucinaciones, donde ni el personaje ni el espectador distingue del todo la realidad de la fantasía. 

Si cambiamos la palabra “actor” por “político” y “espectador” por “ciudadano” posiblemente podamos pensar en más de un personaje. Para no herir susceptibilidades se evitará hacer referencia directa a alguno de ellos, por lo que todo parecido con la realidad no será coincidencia.

Tras el autogolpe fujimorista y el retorno de la democracia, un conjunto de “birdmen” de derecha, izquierda y lugares circundantes buscaron reciclarse. Algunos como el personaje lograron el éxito al suicidar su esencia política y la de su partido tras liberarse de alguna ¿persecución? Otras quedaron como la novia de Norton, a puertas de lograr su ingreso a Broadway, condenadas por sus malas juntas. Algunos otros como el propio Norton intentaron colarse al esfuerzo de un tercero, pero sin poder evitar buscar la notoriedad por encima del protagonista, lo que les valió una y otra vez ser expulsados del (gobierno) show.

El problema es en esencia el mismo que el del personaje de Keaton: pasada la ola en la que se logró ser un referente del medio, y habiendo cambiado sustancialmente el medio, hay que encontrar la forma más coherente de reciclarse para continuar en vigencia. La forma más coherente de hacerlo no es necesariamente la más exitosa, pues siempre existirán críticos a liquidar el menor esfuerzo sin dar oportunidad a demostrar que la nueva propuesta pueda ser efectiva. En política dirán “ese modelo ya fracaso”. En cambio la crítica, o los medios exaltarán el efectismo y el suicidio político; mientras más exagerado, mejor.

Por ratos los “birdmen” incoherentes se creerán su propio discurso, envolviendo a sus seguidores en él, como la película a los espectadores que no distinguen al inicio la diferencia entre la alucinación del personaje y la realidad. 

Lo peor es que algunos al final, se quedarán creyendo que la alucinación era verdad, y que su personaje favorito puede efectivamente volar, volverse honesto, vencer su ego, transformarse en demócrata, acabar con la corrupción, tornarse de traidor a leal o matar menos. Esta situación se asemeja a una “locura de dos”, que es cuando la persona que sufre alucinaciones convence a una cercana que estas son ciertas y ambos logran “vivir” en una fantasía compartida, en este caso, compartida por millones.

La triste realidad es que un político reciclado es solamente eso. No es mejor persona ni supera sus defectos políticos o los delitos cometidos. 

Adecuarse al contexto no debe significar abdicar a los principios, y mantener vigencia para un político implica conservar su prestigio, no lograr la fama efímera.

Escrito por

Candelaria Ríos Indacochea

Psicóloga social asada con el sistema


Publicado en

Working Class Heroin

Un intento de enteder lo absurdo del cotidiano macondo peruano